sábado, 6 de agosto de 2016

Deseo



Hoy necesitaría tu mirada
mientras quietos al borde de una peña
conversamos  de las cosas mundanas
y el viento juega con tus caracolas
a pintar de rojo el alma en tu cara.

MASL

martes, 2 de agosto de 2016

Imprecisiones e imperfecciones



Imprecisiones e imperfecciones

Los adoquines se hundían en el débil asiento que les sustentaba. Sus aristas reventaban neumáticos y torcían  más de un tobillo. Las quejas, hasta poco antes un susurro, fueron subiendo de tono y, quitando al del taller de neumáticos y al traumatólogo de la calle de las piedras, los vecinos se concentraron  gritando su desesperación  y el consiguiente enojo.

(Podría haber puesto cabreo en vez de enojo pero no me ha parecido adecuado)

Desde la calle de las adelfas el policía les observaba mientras valoraba si comunicar o no la manifestación espontanea y no autorizada. Conocía a cada uno de  los manifestantes. Si no estuviera de servicio sería uno de ellos. Dos días antes le habían dado el alta del esguince que se hizo al pisar los adoquines. Dio media vuelta y siguió su ronda por la calle de la Virgen.

(En los barrios de las películas siempre hay un policía)

Las adelfas sobreviven en cualquier ambiente incluso en los más inhóspitos para ellas. En los caminos siempre hay una piedra que molesta a los caminantes y que nadie sabe como llego hasta allí. La esquivan pero ninguno se para a quitarla. La cosa no llego a mayores un cuarto de hora de griterío y a tomar el aperitivo entre cábalas sobre quién sufrirá la próxima torcedura.

(Cuando  adoquinaron las calles sólo circulaban carros)

La calle humanidades no tenia adoquines pero si numerosas grietas embreadas en el asfalto dándole un aspecto de vejez acorde con las fachadas de los edificios que la configuraban.  Cuando llovía destacaba su brillo sobre el del resto del asfalto componiendo figuras  que cuando era de noche se volvían fantasmagóricas por efecto del amarillo de la luz de las farolas. 

(Un gallego dijo que la arruga era bella y gano fama y dinero)

Al lado  del edificio de los insectos han abierto una especie de cafetería pastelería, que ni es lo uno ni es lo otro, mala suerte tenemos vienen a montar negocios con la sola intención de hacer negocio y duran dos días. Se olvidan de la educación y de que el cliente casi siempre tiene razón y al ser quien paga quiere que las cosas estén a su gusto. No es mucho pedir.

(No hay monumentos pero hay rincones únicos)

La calle de los africanos parte en dos el parquecillo donde se toma el fresco en verano. No tiene nada especial, dos macizos de césped y unos cuantos arboles. La única terraza esta siempre llena y la tienda de perfumes no confunde los perfumes con los olores de la calle. Las mujeres del barrio son poco dadas a los aromas envolventes prefieren el nenuco.

(Perfume de mujer aroma las esquinas)

Y en la esquina el café aún sabe a café, la cerveza esta tan fresquita como bien tirada y la sirven camareras de formas ampulosas. El propietario, indiano con fortuna, invirtió sus dineros para conseguir más dinero y tomando por la calle de en medio buscó tener una parroquia  femenina para atraer clientela masculina jugando con las fantasías de la mitología masculina. 

(Si me quieres encontrar, donde da el sol por la tarde me hallaras)

La calle del arquitecto es aburrida con su sucesión de portales y garajes,  se transita por ella sino no queda más remedio. Por la noche parece concentrar todos los fantasmas de la ciudad. Que se sepa, nada excepcional ocurrió en su pasado pero su soledad hace avivar el paso cuando se recorre por la noche y más en invierno cuando el viento sopla del norte. 

(Buscando saber de las ánimas perdidas por ella iba. Sólo vi ojos tras las cortinas)

En la esquina de la calle del maestro  da el sol por las tardes cosa que se agradece cuando llega el frío, en verano ni bajo los toldos se puede respirar pero aún así siempre hay algún hombre esperando. La puntualidad femenina no es familia de la británica aunque tengo que reconocer que en estos tiempos perdidos  me suele dar tiempo a urdir un relato o esbozar un poema.

(“Los últimos serán los primeros”. Justificación divina de la impuntualidad)

Llega abril y el aire cambia de fragancia entre los vapores del gasoil el brillo de la lluvia y el aroma a humedad toma al asalto la mente que abre  las entrañas con  palabrejas del alma. Y los días grises se suceden pero ya es un gris vital que entierra los tristes días del invierno e intenta  despertar los sentidos pero estos ya sólo buscan sentarse y mirar pasar el mundo.

(La luna dio vueltas hasta que se quedo en el cielo)

Y en las islas del otro lado del mundo hilan sedas que velando los instintos incitan a los sentidos. Pasión  inflamada,  chal que resbala,  carne trémula balbuceando  el son de las escalas: Bajar al infierno para subir al cielo. El favor de tus bordes llevando al confín del abismo la gracia invisible que inscribe en la evocación de la piel el sabor indeleble y dulce de su ser.  

(La  sensualidad de los maniquíes)

El mes del año es mayo. Sol, flores y amor…

Continuara
Verano de 2016
Miguel Ángel S. L. (Ángel Saguar)




martes, 12 de julio de 2016

No estaba allí



La mañana no tenía nubes
y el sol prometía  ser de justicia,
blanco  asomaba el  blasón
las campanas a la mano tocaban
y yo no estaba allí,
y el sol fue de justicia,
y cantaron latines
y la tarde se hizo larga
y el bochorno levanto de las piedras
y yo seguía sin estar allí.

MASL
12/07/2016

sábado, 18 de junio de 2016

Aroma de pinos



Aroma de pinos

Envuelve el aire
un suspiro de resina
y sobre el verde de las jaras
el canto de las abubillas
pintado  de notas alegres
el limpio azul del cielo.

En las peñas
labradas por la lluvia
chorrean trazos misteriosos
que en la imaginación
dibujan el abstracto que fecunda
 las palabras escondidas.

Aroma a pinos
 avivando el deseo
de acariciar el cielo
con la yema de los dedos
e impregnarte
de la esencia de su velo.   

Primura en los labios
hablando de aventuras
y los pasos  lentos
crujiendo  en  las púas
la calidez de la brisa
perfumada de ilusiones.

Miguel Ángel S. L.
18/06/2016

miércoles, 15 de junio de 2016

Noches inquietas



Las noches inquietas duermen  los sueños
nacidos a los bordes de las lindes
del ocaso alargado de las vides
reflejadas en tus ojos risueños.

Los olivos en su parcela  dueños
de los secretos de la luz  despides
al olvido mientras al tiempo pides
que no cubran las sombras tus empeños.

En el horizonte no se vislumbra,
por las curvas torcidas de la tierra,
que cuenta la luna cuando deslumbra.

Mientras el pecho acumula las teas,
encendidas en soledad sin rumbas,
consumidas por la mudez que aterra.

Miguel Ángel S. L.
15/06/2016